Querida Angela,

me ha alegrado grandemente aprender que ethecon te está confiriendo un premio por tu acción incansable en la lucha por el alcance y la imposición de los derechos cívicos en todos los niveles. Nadie ha merecido ese premio más que tú. Felizmente acabo de hallar mi dictamen sobre la solicitud del título de doctor honoris causa en la universidad de Fráncfort que te quiero entregar. Aquel lo exprime todo a propósito de cuánto aprecio tu excelente personalidad.

Mucha suerte, tuyo, Oskar Negt

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Dictamen concerniente la obra científica de Angela Davis sobre Kant en ocasión del procedimiento planeado de conferirle el doctorado honoris causa en la universidad „Johann-Wolfgang Goethe“ en Francfort del Meno en 1972

Mis conocimientos concerniendo las obras y las capacidades intelectuales de Angela Davis desde luego no son completos. Pero en los dos semestres en los que ella había estudiado conmigo así como con los profesores Adorno y Habermas logré formar mi sentencia que luego fue constatada por sus futuras publicaciones. Angela Davis pertenece – y eso lo puedo decir sin exagerar – a un muy pequeño grupo de estudiantes con talentos sobresalientes y una sensibilidad muy especial para problemas filosóficos. Eso ya lo pude notar después de pocos meses de discusión intensa con ella: pues a pesar de todas las dificultades idiomáticas, ella era capaz no sólo de discutir sobre algunos problemas complicadísimos de la filosofía trascedental de Kant y de la dialéctica de Hegel sino que también de objetivizarlas por escrito.

La obra suya nacida en el contexto de un estudio sobre la crítica de la capacidad de sentencia kantiana y dedicada al término y fenómeno del interés hace prueba de este talento extraordinario. Ella está presentando y analizando con toda precisión y claridad aquellos puntos decisivos de la filosofía kantiana que, como se conoce, no se limitan con el capítulo sobre el esquematismo de la „Crítica de Pura Razón“. Para ella se trata aquí justamente de la crítica del hecho que aquellos sólo son los fragmentos oscuros y poco comprensibles en los que el problema dialéctico de la implicación de forma y contenido está tapado por una construcción aporética. Igualmente demuestra de manera muy convincente que también aquellos fenómenos como el interés, la dignidad, el sujeto inteligible etc. están determinados por la misma estructura.

Lo que merece una atención especial es su intento de reconstruir la filosofía kantiana no ex post, desde la posición de la dialéctica efectuada por Hegel, sino que ella procede al revés, partiendo de los teoremas cuya solución ya indica ella misma a la dialéctica.

No me parece apropiado citar aquí las opiniones extraordinariamente positivas de Theodor W. Adorno sobre Angela Davis que aquel había expresado frente a mí; pero yo tuve una oportunidad de leer un trabajo de seminario sobre la „Dialéctica Negativa“ escrito por Angela Davis y marcado por el mismo alto nivel de suposiciones. Unos participantes de aquel seminario donde dicho trabajo fue presentado me contaron que allí hubo una discusión, instructiva también para el mismo Adorno, entre él y Angela Davis sobre las tesis expuestas por ella.

Resumiendo mi opinión general: Angela Davis que llegó a ser conocida en el mundo entero por los acontecimientos en San Rafael, cumplía ya en la época de su sede en Fráncfort todas las premisas para una carrera filosófica esperanzadora. La integridad de su carácter así como su alta calificación científica forman parte de una biografía ante la que cada gremio académico no puede percibir sino un profundo respeto.

Yo personalmente lo apreciaría mucho si un gremio académico de una universidad alemana hallara el valor de apoyar la lucha de Angela Davis por los derechos y la libertad de la minoría negra oprimida confiriéndole en el acto demonstrativo el doctorado de honor.

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