Como ciudadano japonés y como ciudadano del mundo quisiera condenar públicamente a todos aquellos políticos, funcionarios y gerentes empresariales como irresponsables que juntos planificaron, construyeron e hicieron funcionar plantas nucleares en Japón. Especialmente, por su puesto, a los responsables de la TEPCO (Tokyo Power Electric Company, Inc.).

Aunque sabían desde el principio que jamás habría seguridad total, siempre minimizaron los riesgos potenciales, incontrolables y nucleares y aseveraron que las plantas eran seguras. Ellos sabían que en Japón, el país con más terremotos en el mundo, siempre y en todas partes se pueden dar terremotos y tsunamis. Consecuentemente también se puede dar un súper-„accidente más grave posible“ (MCA - maximum credible accident - por sus letras en inglés). Y ante todo sabían que en un caso así nunca iban a poder cubrir los gastos inmensos.

Ahora sí el súper-MCA de Fukushima del 11 de marzo de 2011 mostró que engañaron a los ciudadanos japoneses. Ahora tratan de deshacerse de su responsabilidad, con el argumento de que para este súper-MCA en Fukushimala responsabilidad la tiene la violencia natural, superando las expectativas.

¡Qué engaño!

¡Qué excusa más cobarde e inhumana!

Cientos de miles de personas ya están contaminadas de manera peligrosa. Especialmente la salud de los niños y de los adolescentes a largo plazo estará extremadamente dañada. Pero también las generaciones futuras, aún no nacidas, están en peligro por la transferencia hereditaria.

Un radio de treinta, cuarenta o cincuenta kilómetros alrededor del lugar del súper-MCA en Fukushima, probablemente un terreno más grande, está contaminado durante un tiempo incalculable. Pero regiones aún mucho más grandes a distancias de cien, dos cientos o tres cientos kilómetros de la explosión, pueden poner en alto peligro a la vida humana. Sin embargo, muchos ciudadanos están condenados a vivir en estos terrenos contaminados.

Estos políticos, estos funcionarios corruptos, pero también este personal en la gerencia de la TEPCO, son directamente responsables de ello.

Sin embargo, estos tres grupos intentaron de ayudarse mutuamente para encubrir y minimizar estos hechos amenazantes, y parecen decididos hasta a aceptar muertos para imponer sus inetereses económicos y de poder, para seguir trabajando con las plantas nucleares japonesas altamente peligrosas y con esto continuar con la exportación de tecnología atómica, tal como indica el último convenio sobre la construcción de dos plantas nucleares en Vietnam. Los políticos reinantes y los ministerios responsables conscientemente aflojaron las leyes de contaminación desde el súper-MCA en Fukushima, a pesar del peligro para la salud de la ciudadanía, y a favor de los dueños de las plantas.

Ahora los costos inminentes que resultaron de la catástrofe, se pagan del erario estatal. Normalmente la misma TEPCO tendría que pagar. Más allá de esto de dan créditos a la TEPCO para que el consorcio – en vez de estar en bancarrota – pueda seguir con las plantas nucleares. Sin embargo, para cubrir los gastos completamente, todo el presupuesto estatal de Japón no alcanza.

Los ciudadanos japoneses son engañados por completo.

Y a pesar de que los costos de la generación de energía eléctrica de las plantas nucleares son los más caros, especialmente si se tomasen en cuenta sus riesgos como costos, el ministerio japonés correspondiente y TEPCO mienten al constatar que los costos de energía serían más altos, sin plantas nucleares.

Más allá de que todos los responsables serán enjuiciados y condenados en Japón por sus negligencias graves y sus encubrimientos de la verdad o no, ellos ya están condenados a una pena de consciencia eterna.

En este sentido este premio Black Planet para la TEPCO es más que justo.

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