TEPCO verdaderamente merece el premio indecoroso de este año, de la fundación ethecon. La TEPCO causó la catástrofe nuclear más grande de las naciones industrializadas de manera imprudente e irresponsable. El comienzo fue construir plantas nucleares en un país concido por sus terremotos – sin embargo, la TEPCO no está sola con este empeño. Si fueron el terremoto y el tsunami del 12 de marzo los causantes de la avaría de los reactores de Fukushima Daiichi o si era posible evitarla con una mejor precaución, a lo mejor no lo sabremos nunca.

A esto se añade la arrogancia con la que los jefes de la TEPCO le restaron importancia de la gravedad del accidente, en los primeros días después de la catástrofe. Ellos trataron de dar una imagen según la que tendrían todo bajo control; de esta manera demoraron medidas necesarias de evacuación. No importa si esto fue falta de conocimientos, incapacidad o un engaño consciente. Quien se responsabiliza de la seguridad de millones de seres humanos, trabajando con diez reactores en Fukushima I y Fukushima II, tiene que actuar al nivel de ciencia y técnica y con suficiente transparencia.

En el mes de mayo de este año estuve en la prefectura Fukushima, con un grupo de japoneses, y tuve conversaciones con refugiados. Estos seres humanos que, gracias a TEPCO, perdieron todo – casa, su base material de existencia, su entorno social – no tuvieron la impresión de que el consorcio se interese por ello. „De la TEPCO no se puede esperar otra cosa“ me dijo el alcalde de una población, recientemente sacado de ahí.

Los consorcios energéticos de Japón tienen un poder grande que usan sin remordimientos. Les pertencen los consorcios mediáticos parcialmente, tienen gran influencia en la política. El consorcio TEPCO es „demasiado grande para caer“ y confía en que el estado japonés lo rescate. El estado se deja chantajear por el escenario de que, cayendo TEPCO que suministra Tokio y sus alrededores con energía eléctrica, caería el suministro con luz eléctrica en la capital – y paga.

TEPCO ganó miles de millones en los años pasados – aparentemente incluso con precios de energía manipulados. Ahora la TEPCO se deja rescatar con los impuestos de la ciudadanía. Se estima que se le dará unos 4,54 billones de yenes (unos 45 mil millones de euros) de compensaciones y de un billón de yenes (9,9 mil millones de euros) por el desmontaje de las ruinas de las plantas nucleares. Esto no alcanzará y tampoco toma en cuenta el corte profundo en la vida y los riesgos futuros para la salud de miles de personas. Ganancias privatizadas, pérdidas socializadas – la TEPCO aparentemente no tiene problemas con este principio.

TEPCO tampoco parece ser abierta para aprender de la catástrofe de Fukushima Daiichi. Quieren reactivar su tercer complejo de plantas nucleares, más allá de Fukushima I y II. Y esto que Kashiwazaki-Kariwa ya se dañó durante un terremoto en el año 2007. El gobierno tendría que tomar consecuencias. La TEPCO parece no conocer otro interés que el empresarial. Para el premio difamatorio de este año, en todo caso, ¡la TEPCO es un digno condecorado!

Pero también quisiera añadir que el comportamiento de la TEPCO, su confianza indestructible en la dominación de la energía nuclear a pesar de todas las experiencias, y su voluntad de transferir los riesgos y las pérdidas a la sociedad, no hace destacar a la TEPCO dentro de los consorcios nucleares en el mundo. Por lo tanto creo que TEPCO debe de recibir el premio también en representación de los consorcios nucleares del mundo.

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