La catástrofe no ha terminado - Segundo aniversario del gravísimo accidente nuclear de Fukushima

Dos años después de que se produjera la catástrofe nuclear en la costa norte de Japón constatamos que no hay consecuencias serias para TEPCO, la compañía operadora de la central. No se han depurado responsabilidades penales. Al contrario, el Estado intervino aportando cuantiosos medios financieros para evitar la quiebra de la empresa y salvar a los grandes accionistas de la pérdida de sus inversiones. Ni los responsables de la catástrofe ni los accionistas de la empresa han tenido que asumir las consecuencias. Lo único que se ha hecho es reemplazar a algunos directivos.

Para los varios millones de personas residentes en los alrededores de la planta siniestrada, entre ellos alrededor de 300.000 niños, la situación es muy diferente. Continúan sin recibir ayuda, abandonados a su suerte. Más de un tercio de los niños de la zona examinados por médicos voluntarios presentan anomalías en la glándula tiroides, un posible paso previo al cáncer de tiroides. Se sospecha que muchas personas lo han contraído ya, y tres de ellas ya han sido operadas. El comité sanitario de la prefectura, próximo al Gobierno, rechaza cualquier relación de estos casos con el accidente radiactivo. Los niveles de radiación medidos en toda la región de Fukushima son muy elevados y superan con mucho los límites máximos permitidos para los operarios de las centrales nucleares. Los alimentos procedentes de las zonas contaminadas ocultan su origen y acaban cada vez con más frecuencia en los comercios. La descontaminación va muy lenta, y la tierra contaminada se amontona bajo cubiertas de plástico a cielo abierto, muchas veces delante de las casas de la gente. TEPCO y el gobierno restan importancia al peligro. Conseguir un seguimiento y asesoramiento sanitario independiente sólo es posible en clínicas fundadas por organizaciones no gubernamentales, como la de “Madres de Fukushima”. Para Axel Köhler-Schnura, fundador y miembro de la presidencia de ethecon: “Que millones de personas en zonas contaminadas con elevados índices de radiactividad queden desasistidas y abandonadas a su suerte es una atrocidad. Que a los responsables de tal catástrofe humana no se les exija que rindan cuentas es de una criminalidad extrema”.

Mientras tanto, la catástrofe nuclear continúa. La fusión del núcleo de los reactores de Fukushima sigue en marcha y en cualquier momento puede quedar fuera de control. Las paredes del depósito de enfriamiento de uno de los reactores que explotó, con nada menos que 1.535 barras de combustible, presentan grandes grietas. Su desmoronamiento –que podría producirse en cualquier momento– provocaría una nueva catástrofe nuclear que superaría con creces la que ya ha ocurrido. La radiación llegaría hasta la ciudad de Tokio, con millones de habitantes, a unos 250 km. de distancia.

ethecon – Fundación Ética y Economía exige que se depuren las responsabilidades de los grandes accionistas y que se castigue a los administradores de la compañía energética. Estos tomaron decisiones erróneas sin las cuales no se habría producido la catástrofe. Entre éstas se cuentan los bien conocidos defectos estructurales y el ahorro en medidas de seguridad y mantenimiento. Los directivos de la compañía deben rendir cuentas por las consecuencias de la catástrofe que han provocado.

ethecon, junto con Sayonara Genpatsu (Nuclear no gracias), una organización japonesa antinuclear de Düsseldorf, organiza una manifestación el 9 de marzo. Düsseldorf es el principal centro comercial europeo para las exportaciones japonesas. Sayonara Genpatsu fue fundada por la comunidad japonesa de Düsseldorf en 2012, con motivo del primer aniversario de la catástrofe de Fukushima. Es un síntoma de la profunda preocupación de la población japonesa que también los ciudadanos de esa nacionalidad residentes en el extranjero protesten contra la política nuclear de su Gobierno. Ha de saberse que también en Düsseldorf han recalado refugiados de Fukushima.

En noviembre de 2011, la Fundación ethecon puso en la picota al presidente del Consejo, Tsunehisa Katsumata, al expresidente, Masataka Shimizu, y a sucesor Toshio Nishizawa, así como a los grandes accionistas de la compañía eléctrica TEPCO, con la concesión del Premio Black Planet 2011. Una delegación de la Fundación viajó en junio de 2012 a Japón para conocer de primera mano la situación en Fukushima. El premio negativo de ethecon fue entregado en Tokio, en cooperación con organizaciones y activistas japoneses, en el marco de una serie de acciones con las que llamar su atención. Ethecon se solidariza con el movimiento antinuclear japonés y exige el abandono inmediato de la tecnología nuclear en todo el mundo. Al mismo tiempo, ethecon condena la actuación del gobierno japonés de criminalizar al movimiento y aumentar la represión contra los activistas.

La explicación detallada de los motivos para la concesión del premio internacional Black Planet de 2011 puede encontrarse en el dossier acerca de los responsables de TEPCO, en la sección de descargas de la web www.ethecon.org, y un resumen en la Carta abierta. En la sección de Acciones de la web de ethecon encontrarán una manera de solidarizarse con los activistas antinucleares japoneses.

La Fundación ethecon es conocida sobre todo por la concesión anual, en Berlín, de sus premios internacionales Blue y Black Planet. En los años pasados, con el premio positivo „Blue Planet Award“, ethecon ha rendido homenaje a Diane Wilson / EE.UU. (2006), Vandana Shiva / India (2007), José Abreu y Hugo Chávez / Venezuela (2008), Uri Avnery / Israel (2009), Elias Bierdel / Austria (2010), Angela Davis / EE.UU. (2011) y Jean Ziegler/Suiza (2012). Los premios negativos de Ethecon, por el contrario, han puesto en la picota a los directivos y accionistas de las compañías MONSANTO / EE.UU. (2006), NESTLÉ / Suiza (2007), BLACKWATER (XE) / EE.UU. (2008), Formosa Plastics Group / Taiwan (2009), BP / Gran Bretaña (2010), TEPCO / Japón (2011) y Glencore/Suiza (2012).

ethecon, a diferencia de las muchas fundaciones empresariales, familiares, eclesiásticas, de partidos políticos y estatales, es una de las pocas fundaciones “desde abajo”, que con sus 36 miembros actuales y bajo el lema “Por un mundo sin opresión ni explotación” asume una responsabilidad respecto a las generaciones venideras. Esta aún joven fundación se financia por medio de donaciones, aportaciones voluntarias y patrocinadores.

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