Con la catástrofe posiblemente más grande de la historia de la humanidad, la barbarie capitalista, con su menosprecio de los seres humanos y su alianza cínica de medios, política y capital, llegó a tener una calidad nueva.
En Fukushima (Japón) explotaron varias plantas nucleares y desde entonces se encuentran en un estado incontrolable, hasta el día de hoy.
Radiación radioactiva no conoce fronteras y se irradia por toda la tierra. Pero los seres humanos en todo el mundo están sin informaciones, también meses después del desastre. Los responsables siguen sin ser castigados. Con los costos multimillonarios carga la población en general. Y todo esto por el provecho máximo.
¡Hay que parar a la TEPCO!


