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Prof. Angela Davis: Discurso de agradecimiento

Es un gran honor aquel de ser elegida por la fundación ethecon como portadora del premio Blue Planet Award del año 2011. Les agradezco mucho a Uds. el reconocimiento del trabajo que he tratado de realizar durante los cuatro decenios hasta ahora. Es un trabajo que nunca he asumido sola sino que siempre formando parte de comunidades importantes – organizaciones de activistas, grupos de investigación, movimientos sociales. Mi nombre llegó a ser conocido hace aproximadamente 42 años cuando por causa de mi militancia en el Partido Comunista fui rechazada de mi puesto en la Facultad Filosófica de la Universidad Californiana en Los Angeles. La gente de todo EE.UU., Europa y otras partes del mundo me apoyó y me defendió en mi derecho de enseñar así como en mi derecho de tomar independientemente las decisiones concerniendo mis convicciones y membrecías políticas.

Luego en el mismo año fui encarcelada y acusada erróneamente de homicidio, secuestro y complot. Pero millones de gente en el mundo entero, también aquí en Alemania, sobre todo en la RDA pero igualmente en Alemania Federal, alzaron su voz en mi defensa, y yo fui absuelta.

Lo que he logrado alcanzar desde la época, siempre ha sido también un tributo al papel que la solidaridad internacional había jugado en el movimiento para mi liberación. Hoy, más de 40 años después, estoy activa yo en los momivientos para crear una solidaridad internacional con Mumia Abu Jamal, los Cinco de Miami, Leonard Peltier y muchos más.

Aceptando el Blue Planet Award quiero expresar así mi reconocimiento para el trabajo importante que Ethecon ha realizado contribuyendo a la conservación de nuestro planeta y al fortalecimiento de la justicia social frente a los perjuicios que el capitalismo les impone a nuestras aguas, nuestro suelo, plantas y el mundo animado incluyendo el ser humano en el altar omnipotente y devorador de la ganancia.

Este premio es un premio doble – uno por el trabajo exitoso para la protección del planeta y de sus habitantes, y el otro por perpetrar aquello que conduce a la ruina y la destrucción del planeta, el Black Planet Award. Como hemos aprendido, este año (2011) estará conferido a los gerentes del consorcio energético TEPCO en Japón que explota la central nuclear en Fukushima. Si los responsables de la central nuclear no hubieran emprendido tantos cortes en favor de maximización de sus beneficios, entonces, el seísmo y el tsunami no harían causado daños tan graves al mar, a los animales, a la gente y al ambiente por lo general.

Quiero dedicar el resto de mi relato de esta tarde al movimiento en el que ya he estado activa la mayor parte de mi vida. Hoy día caracterizamos este movimiento como el abolicionismo del siglo XXI. Así como el movimiento abolicionista del siglo XIX había enfrentado la institución de la esclavitud en Europa y en América del Norte y del Sur y el movimiento abolicionista del siglo XX trató de eliminar los restos de la esclavitud clamando por derechos civiles en los Estados Unidos, así mismo el movimiento abolicionista del siglo XXI exige acabar con la pena capital y reemplazar encarcelamientos masivos por alternativas que contribuyan a la justicia y la equidad. En un sentido histórico real y perceptible, el abolicionismo contra la pena de muerte y el abolicionismo contra la cárcel representan una continuación del abolicionismo contra la esclavitud y constituyen el punto central de nuestros esfuerzos actuales en la lucha por una igualdad racial, de género y económica.

Fue el caso de Troy Davis que provocó el momento más dramático de la campaña actual contra la pena de muerte en los Estados Unidos. Fue más gente que nunca y en más ciudades, países y Estados que nunca, tal vez desde la ejecución de los Rosenberg en 1953, que participó en esta campaña para parar la ejecución de Troy Davis. Quiero valorar el papel importante que Ethecon ha jugado aquí en Alemania movilizando a la gente para protestar contra la sentencia penal y la ejecución de Troy Davis.

Pero a pesar de declaraciones reiteradas y múltiples de su inocencia por numerosos testigos, a pesar de los llamamientos de los círculos más distintos, comenzando por la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color) y el arzobispo Tutu y terminando por el antiguo (bajo Reagan) jefe del FBI William Sessions y el antiguo director de la cárcel de Georgia donde Troy Davis se hallaba en la celda de muerte – a pesar de todo aquello, el 21 de septiembre de 2011 Troy Davis fue asesinado por el Estado. La consigna que recorrió entonces el mundo entero fue: “Yo soy Troy Davis”. Cada quien de nosotros es Troy Davis mientras exista la pena de muerte contra el ser humano, independientemente de que sea aquel inocente (como Troy Davis lo fue) o no.

El racismo institucionalizado de la pena de muerte está vinculado con el racismo estructural del encarcelamiento. La pena capital es la muerte física. La pena de cárcel es la muerte civil. Personas de color son más frecuentemente – fuera de cualquier relación – afectadas por ambas formas de castigo. Como fue repetidamente subrayado durante los últimos intentos de salvar la vida de Troy Davis, no sólo es un hecho real que más personas negras permanezcan en las celdas de muerte del país sino el otro hecho real es que sea más probable ser condenado a muerte si el delito afecta a una persona blanca que si afecta a una persona de color. La vida de la gente negra, latina así como de la población indígena de América aún está considerada inferior que la de un blanco.

Pero esta injusticia no se deja eliminar por medio de la reivindicación de condenar a más personas blancas a la pena de muerte o pena de cárcel. Ni tampoco por condenar a estas formas penales a más personas que afecten, hieran o maten a la gente de color. El mismo día en el que Troy Davis fue ejecutado, un hombre blanco, Lawrence Brewer, fue ajusticiado por el asesinato a un negro, James Byrd junior, quien había sido, en Jasper en el Estado de Texas, víctima de uno de los linchamientos más terribles de la época más reciente.

Cuando George W. Bush desató su campaña electoral para las elecciones presidenciales en 2000, presumió que Texas era un Estado que se desarrollaba en dirección hacia una igualdad racial porque un blanco (Lawrence Brewer) había sido sentenciado por el asesinato por linchamiento contra un negro (James Byrd).

No sólo podemos preguntar si la familia y los amigos de James Byrd perciben entonces menos dolor por la pérdida de un hombre querido tras el hecho que su asesino haya sido ajusticiado sino que igualmente podemos preguntar si George W. Bush ha tenido razón, es decir si la ejecución de Lawrence Brewer ha tenido impacto alguno sobre la lucha por la superación del racismo. Yo daría una respuesta negativa a ambas preguntas. Y sin duda el hijo de James Byrd estaría de acuerdo conmigo porque había realizado muchos esfuerzos para que el asesino de su padre fuera indultado aunque aquel se había negado a arrepentirse. Ross Byrd, hijo de James Byrd que sigue siendo activo en la organización “Murder Victims’ Families for Reconciliation” (“Familias de Víctimas de Homicidios por la Reconciliación”) es una de las personalidades más valientes del movimiento contra la pena de muerte.

El aparato de la pena de muerte se halla en el centro del complejo prisionero industrial. La eliminación de las cárceles significaría el desmontaje de este complejo entero. Aunque la reivindicación de liquidar las prisiones como la forma dominante de castigo ya es tan antigua como la misma institución carcelaria, no obstante la eliminación de aquella se volvió más decisiva en el siglo XXI pues es la única vía pensable para parar la onda de expansión de las cárceles.

Una mirada sobre los intentos de enfrentar el problema de la cárcel desde la introducción de aquella a la vuelta del siglo XIX nos lleva a la conclusión que tales intentos de reforma sólo han conducido hacia una red constantemente creciente de encarcelamientos. En los Estados Unidos están ahora más de 10 veces más personas encarceladas que en el momento hace menos de 50 años en el que se empezó a discutir realmente en serio sobre las alternativas al encarcelamiento. Una de cien personas adultas está detrás de las rejas y una entre 31 está vigilada por una institución de justicia. Es una crisis grave. En los EE.UU. hoy día están casi 2 millones y medio de personas de hecho detrás de las rejas. Y prácticamente cada reforma ha conducido a una cantidad mayor de prisiones y a una cifra más elevada de encarcelados.

No simplemente nos estamos concentrando sobre la liquidación de las cárceles – el proceso de abolición es mucho más complicado. Sabemos que la eliminación de la esclavitud no ha funcionado pues ha dejado intactas tantas estructuras políticas y económicas del racismo. Además sabemos que la obtención del derecho electoral no ha cambiado radicalmente la sociedad pues numerosas cuestiones substanciales no habían sido abarcadas.

Ahora hemos entrado en el segundo decenio del siglo XXI y nos damos cuenta que el abolicionismo tiene que incluir muchas cosas más que una concentración miope sobre una y la única institución. Ahora estamos poniendo preguntas sobre las causas mucho más profundas del sistema de encarcelamiento que está concebido para captar a las personas que no pueden estar ubicadas ni en la educación ni en la salubridad ni en el sistema económico – si hubiera bastante empleos, si hubiera un sistema de salud así como de educación gratis, entonces la mayoría de la gente que ahora se encuentra encarcelada llevaría una vida productiva en el mundo “libre”.

Entendemos bien que este inmenso depósito de desechos humanos es, sobre todo, una consecuencia del proceso de comercialización que afecta cada aspecto de nuestra vida. Es una consecuencia del dominio del capitalismo global casi en todas partes de nuestro planeta. El movimiento “Occupy” / “¡A ocupar!” está cuestionando actualmente este dominio en forma de llamar a los 99 porcientos a levantarse contra el 1 porciento.

El mismo encarcelamiento ha llegado a ser rentable. Las cárceles en el estilo estadounidense son una parte del mercado capitalista global y se han extendido sobre el planeta – desde Colombien a través de África del Sur y hasta Israel. Hoy en la época en la que las instituciones de asistencia social desaparecen rápidamente, aparecen en su lugar nuevas instituciones penitenciarias. Servicios para el ser humano que no traen ganancia como educación gratis, cuidado de salud gratis, viviendas pagables e ingresos garantizados se ven reemplazados por cárceles que dejan sacar provecho. En vez de ocuparse de los problemas de comunidades pobres como personas de color, mujeres pobres, comunidades de inmigrantes, gente transexual etc., los están tirando a las prisiones creadas y explotadas en aras de la ganancia. Éste es el caso para las cárceles estatales así como privadas. Además se agrega la circunstancia que estas instituciones de privación de libertad representan un peligro creciente para el medio ambiente.

Prisiones son como depósitos de residuos – son lugares concebidos para mantener allá a la gente considerada como desechos humanos, basura humana, donde están “lejos de los ojos, lejos del corazon”.

La organización “Critical Resistance” / “Resistencia Crítica” ha señalado que “los funcionarios estatales presentan las cárceles como ‘industrias limpias’ y les prometen a las comunidades desesperadas por miseria económica centenas de empleos decentes”. Pero en realidad “absorben recursos escasos como por ejemplo el agua, exigen de las ciudades pagar por el mantenimiento de las calles, por aguas residuales, por el abastecimiento con servicios de empresas públicas, producen contaminación automotriz de decenas de miles de leguas por empleados viajeros, y eso con frecuencia ya en las regiones con la ecología más descuidada, le retiran irreparablemente el suelo al uso productivo y malgastan así los valiosos recursos públicos por el único aporte de mantener a seres humanos en jaulas”.

“Así no les devuelven a las comunidades anfitrionas prácticamente nada”. Además indica CR que sacan violentamente a miles de personas desde sus comunidades respectivas destruyendo así las familias y haciendo decaer aún más las comunidades ya afectadas por la pobreza.

El escrito “Cárceles: Formas nuevas del racismo ambiental” llega a la conclusión siguiente: “Cárceles significan desastres ecológicos y sociales para las comunidades de las que vienen los presos y para las ciudades en las que las propias cárceles son construidas”.

Necesitamos un mundo sin pena de muerte; necesitamos un mundo sin prisiones; necesitamos un mundo en el que los problemas del ser humano estén tomadas en serio, un mundo cuyos habitantes humanos le hagan caso y le presten atención a los océanos, al suelo, a la plantas y a otros animales vivientes con los que compartimos nuestro planeta. Necesitamos un mundo poblado de gente que se dedique a eliminar la violencia en vez de practicarla y sostenerla por medio de la manutención de cárceles.

Necesitamos viviendas y empleos asi como educación y cuidado de la salud. Necesitamos comunidades, necesitamos paz, necesitamos amor. Necesitamos esperanza, justicia, creatividad, igualdad y libertad.