En el mundo entero, a la gente con posición antinuclear les asusta grandemente el elogio que la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) les hace al gobierno japonés y al explotador de la central energética TEPCO por su „superación sin ejemplo de la crisis“ después del desastre de Fukushima.

Durante diez días a finales de mayo, una comisión de llamados „defensores nucleares“ compuesta de 18 personas giró por la zona radioactiva alrededor de la central accidentada. El informe presentado después calla y oculta muchos defectos graves en la liquidación de las consecuencias de la catástrofe y por lo general les imparte una nota benévola al explotador TEPCO, al gobierno japonés y a la administración nacional de energía atómica.

Lo que la opinión pública aprendió durante semanas a través de los informes mediáticos – la vacilación, los intentos de oculto y el drama humanitario, no sólo para los liquidadores – todo aquello le contradice fuertemente al informe de la IAEA. Pero aquí no se trata tanto de aquellos apologetas nucleares – TEPCO no sólo comitió algunos errores sino que su manera de „superar las crisis“ ha tenido y tiene su orden sistemático.

En 2002, un ingeniero de la empresa estadounidense General Electrics – tres de seis reactores habían sido construidos por aquella – ha descadenado una avalancha. Él le indicó a la administración nacional de energía atómica del Japón que por lo total 13 reactores de TEPCO no habían sido inspeccionados y/o que en 29 casos hubo oculto o falsificación de informaciones. Ese informe condujo finalmente a que la dirección de TEPCO se dimitiera. El jefe de la compañía Hiroshi Araki y cuatro gerentes superiores tuvieron que retirarse de sus puestos.

Su sucesor Tsunehisa Katsumatas anunció una nueva cultura empersarial, sus puntos centrales eran el código ético y una apertura comunicativa. „Tenemos que reconocer que no teníamos hasta ahora reglas claras si nuestro material era apropiado para el uso“, dijo Katsumatas. „No había sido fijado en ninguna parte que las plantas y el equipamiento, con el tiempo, se desgastan y algún día corren riesgo de averías“. En el manuscrito de su discurso también se puede leer: „Los miembros del departamento de energía atómica tienden a ver la estabilidad del abastecimiento con la electricidad como su objetivo supremo... Los ingenieros tenían tanta confianza en sus conocimientos sobre la energía nuclear que no consideraron necesario señalar los problemas al gobierno“. La comunidad TEPCO se aisló y persiguió sólo un objetivo, el de maximización de las ganancias.

A pesar del llamamiento de Katsumatas, evidentemente no había cambiado nada allá. En 2007 perecieron ocho personas en la planta nuclear Kashiwazaki-Kariwa explotada por TEPCO durante un terremoto. Unos tubos reventaron, y el fuego se difundió. La central atómica fue parada por el período de un año y tuvo que ser descontaminada. Finalmente se reveló que el nivel pretendido de seguridad sísmica de la central tenía que ser aumentado y que por lo total 117 inspecciones en aquella habían sido omisas. Pocos días ante de la catástrofe nuclear, el 2 de marzo de 2011, la administración nacional de energía atómica formuló el reproche y objetó que por lo total 33 piezas de la central Fukushima-Daiichi accidentada poco después, entre ellas elementos centrales del sistema refrigerador de los seis reactores y el depósito para los elementos usados no habían sido debidamente (como prescrito) controlados, como reporta el SPIEGEL (22 de marzo de 2011).

Uno de los reproches contra TEPCO sobre los que se persevera es que ya por la mañana del 12 de marzo después de la avería haría sido posible comenzar con la refrigeración de los elementos combustibles por medio del agua marítima con ácido bórico para evitar la fusión nuclear pero se renunció a aquello por razones económicas, el reactor tenía que quedarse intacto para poder ser explotado en en futuro – y el agua salada haría dañado la planta. Ni siquiera en medio de los acontecimientos catastróficos, TEPCO estaba dispuesto a posponer sus perspectivas de beneficios.

No que no fue ni siquiera mencionado en el informe de la IAEA: el grado de la contaminación radioactiva fue relativizado. Los obreros que actuaron en el lugar de la catástrofe no disponían ni de una cantidad necesaria de aparatos de medición de radioactividad. El abastecimiento de alimentos fue mediocre. A penas se puede creerlo: los liquidadores de TEPCO reunidos urgentemente tuvieron que compartir durante semanas camas y frazadas pues no había bastante de aquellas.

TEPCO y la IAEA han malversado toda confianza posible.

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