- vale la palabra pronunciada -

Es más fácil y más agradable pronunciar un discurso laudatorio, un elogio que una diatriba. Aún más si se trata de una empresa y su gerencia que están lejos de mí, no solo geográficamente. Pero cientos de miles de japonesas y japoneses también estaban muy lejos de mí – hasta aquel 11 de marzo de 2011 cuando la tierra tembló y desencademó un tsunami demoledor, un diluvio que destruyó la planta nuclear de Daiichi Fukushima, construido tan solo a una altura de once metros sobre el nivel del mar, directamente en la playa. Una catástrofe natural más un accidente atómico más grave posible (accidente más grave posible, MCA en inglés). ¿Un evento terrible cuya responsabilidad no cae en nadie? ¿Es esto sólo una señal más de que operamos con energías y tecnologías cuyos horizontes van más allá de lo que los seres humanos podemos imaginar, y que van más allá del alcance de la dominación de procesos de la transformación de energía y de sus consecuencias?

No tanto. Pues, que la catástrofe natural doble de un terremoto y un tsunami pudiera llegar a ser una catástrofe nuclear más grave que la de Chernóbil, también es resultado de decisiones de la gerencia de la TEPCO antes y después de la catástrofe nuclear de Fukushima. El reconocido „Sustainable Management Forum“ japonés, sin cualquier polémica, las evaluó de erróneas e impropias. El presidente del dueño de la planta nuclear Daiichi Fukushima, el consorcio energético más grande de Japón, TEPCO (Tokyo Power Electric Corporation), Tsunehisa Katsumata, su antiguo presidente Masataka Shimizu, y el actual presidente Toshio Nishizawa, son los responsables de ello.

La gente de TEPCO llevaron emergencia y miseria a cientos de miles de sus paisanos, ellos son responsables de que hay daños en su salud por la contaminación, y de que no se pueden habitar áreas grandes del país durante largo tiempo, y de que materia radioactiva en cantidades no conocidas y con un efecto no calculable se pasó a la cadena nutritiva. En breve, la gente repudiable de la TEPCO es responsable por el accidente más grave posible en la historia nuclear. El MCA no tuvo que haber pasado, y no debió haber pasado. Llamarlo un segundo Chernóbil es decir lo menos porque Fukushima lo deja a Chernóbil a un segundo puesto. Estas son las razones por las que un discurso repudiante no sólo es justificado sino necesario. Lo que pasó en Fukushima, también dentro de la responsabilidad de los gerentes de la TEPCO, no debe pasar nuevamente.

Ocho meses después del MCA, a principios de noviembre, periodistas llegaron a la ruina atómica. Con ropa protector porque la radiación es de 300 micro Sievert por hora, como indican los dosímetros. Por lo tanto, en Fukushima se recibe en tres horas la dosis anual máxima de radiación nuclear que aún se puede aceptar. Hasta los que todo pintan de bonito, como Masao Yoshida de la gerencia de la ruina de Fukushima, a quienes la TEPCO envió al frente comunicativo para calmar a la gente, no pueden decir otra cosa que „aún hay peligro“, casi tres cuartos de año después de la catástrofe, y que los trabajos de arreglo se demorarán unos veinte años más. Veinte años, y eso que en los ocho meses pasados ya se utilizaron unos 480 000 uniformes de protección que ahora tendrán que ser guardados en el terreno de la planta, como basura nuclear especial ya que en Japón – tanto como tampoco en Alemania u otros lugares – no se dispone de un depósito final para desechos nucleares citado de: International Herald Tribune, 14 de noviembre de 2011). Y si estos veinte años alcanzan, es de dudar. Ya que el desmontaje de la planta nuclear pequeña de Rheinsberg en el norte de Brandenburgo, apagado en el año 1990, necesitará unos sesenta años.

Al mismo tiempo hay que aclarar que no sólo la gerencia de la TEPCO tiene responsabilidad por la radiación prolongada de vastos terrenos en Japón y en el Océano Pacífico cuyas consecuencias se verán en el futuro. Del sistema nucleocrático participan más fuerzas de un capitalismo que no queire que le impongan nada para poder hacer el provecho más grande posible, aunque la tierra tiemble, el agua se junte para un diluvio y se fundan las barras combustible. TEPCO es un consorcio grande con más de cincuenta mil empleados, ni contando los subcontratistas. La TEPCO tiene diecisiete plantas nucleares, no sólo en Japón, y es uno de los cuatro consorcios de energía nuclear más grandes del mundo, después de la EdF, la EON y la RWE. El capital de acciones lo tiene el municipio de Tokyo, unas aseguradoras y bancos japoneses grandes.

El MCA, no evitado por los gerentes responsables de la TEPCO, sí era evitable – aún partiendo de una racionalidad solamente económica-empresarial y no de una visión ecológica, de una responsabilidad social, de una perspectiva económica, de un respeto político o de un respeto hacia la naturaleza. El consorcio, como otros consorcios, sólo estuvo detrás de provecho. Sin embargo, los costos así justificados, no debieron significar deficiencias de mantenimiento o deficiencias en el control operativo en Fukushima. Era posible respetar el principio de provisión que desde 1992 es derecho internacional. Trabajar con barras combustible de uranio ciertamente es de otra calidad que el asamblaje de automóviles. TEPCO hace tiempo operó al borde de una catástrofe nuclear para bajar los costos de la provisión y aumentar las ganancias.

La construcción de Daiichi Fukushima era pensada para terremotos de la fuerza 8 en la escala Richter porque se dijo que terremotos más fuertes eran imposibles, y por lo tanto se los eliminó de la planificación de costos del consorcio. El peligro de tsunamis no desempeñó un papel en la decisión de construir tan cerca de la costa. Esto, después del 11 de marzo de 2011, resultó erróneo. Uno no deja de asombrarse. La planta nuclear fue construida a pocos metros sobre el nivel del mar, directamente en la orilla del mar. El sistema de refrigeración y de energía de emergencia desde el principio no eran suficientes. Más allá de estas deficiencias estructurales hubo negligencias en el funcionamiento y falsificaciones en los informes de reaparaciones que se les dieron a las autoridades. El „Financial Times Deutschland“ (versión alemana de Financial Times) le puso como título a un informe sobre la TEPCO: „El gigante energético trapacero de Japón“. Por lo tanto no se trata de una „catástrofe normal“ (Sidney Perrow) que era resultado de interacciones humanas porque supuestamente las consecuencias de acciones ineteresadas terminaban fuera de control.

Se supone que esto es suficiente. Basta, pero no le basta a la TEPCO. Los engaños de parte de la gerencia de la empresa fueron intencionalmente aunque ésta, después de la catástrofe, quiere parecer contrita y les pide perdón a los perjudiciados.

También el solo uso de las plantas en Fukushima sin MCA pide víctimas, más que nada en el „lifeware“, o sea la „nutrición radioactiva“, así llamada por Robert Jungk en su libro sobre el „estado nuclear“, en 1977.La TEPCO pasó los trabajos más arriesgados a empresas subalternas o a vagabundos y mendigos que se utilizaron para la limpieza. Se estima que entre 700 y 1 000 de ellos se murieron por la radiación. El número de enfermos de cáncer no se conoce. Los responsables de TEPCO fueron igual de irresponsables que la nucleocracia europea. Jugaron con la vida y la salud de mucha gente, con el fin de un aumento del provecho de la inversión nuclear y la preservación de la nucleocracia para el aseguramiento del poder político y económico.

La nucleocracia, es un arena nuclear con proveedores de energía, partidos medios de comunicación, científicos complacientes, no sólo en Japón sino mundialmente. También en este sentido Robert Jungky otros críticos de la era nuclear fueron videntes: la nucleocracia es una amenza grave a la democracia, hasta en Japón que en Nagasaki y Hiroshima tuvo que experimantar la bomba atómica. La TEPCO, por lo tanto, no es un consorcio con una gerencia incapaz, y no es solamente responsable de la catátrofe nuclear más grande de la historia. La TEPCO y la nucleocracia global son una bomba de tiempo política para la democracia.

Es hora de para esto, pero ¿cómo? Uno piensa en la socialización de la propiedad y su control por los empleados y otros que son perjudicados por la TEPCO, y quienes deben tener la oportunidad de decidir parcialmente sobre todo que toca su vida futura. Ante todo las decisiones sobre una tecnología cuyas consecuencias rigen durante milenios, no deben ser supeditados al dictado de un provecho a corto plazo. Pero esto no es suficiente. El desastre terrible de Daiichi Fukushima subrayó la necesidad de una salida inminente de la energía nuclear. La era nuclear que comenzó con las bombas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, tiene que haber encontrado su fin el 11 de marzo de 2011, en Fukushima.

Pero la resistencia contra la salida inmediata es considerable. Lo vivimos actualmente en Alemania. Ocho meses después de la catástrofe en Japón el consorcio nuclear EON querella contra la decisión de un fin de la energía nuclear en Alemania y quiere indemnizaciones de miles de millones porque este fin supuestamente le causó pérdidas de amortización. Si se dan indemnizaciones, el consorcio también debería ser obligado judicialmente garantizar para desastres como el de Fukushima con reservas pertinentes. Es que hasta ahora en ninguna parte aparació aseguradora alguna con el propósito de asegurar el riesgo de una fusión nuclear y la radiación nuclear. Estas reservas, por lo tanto, son más grandes que la indemnización por el provecho perdido por la decisión del fin de la tecnología, de mayo de 2011. Le costarían al consorcio la existencia económica.

¿Si la gerencia de la TEPCO y la nucleocracia global se mostrarán impresionadas por una diatriba y por buenos argumentos de los críticos de la energía nuclear? No es probable. Por ende hay luchar por el fin de esta tecnología. Esto resulta mejor si también se dan buenas señales. Ya hay muchos ejemplos del uso de energías renovables, de viento, agua, fotovoltaika, térmica solar y de biomasa. Estas fuentes energéticas hay que desarrollar para recuperar autonomía enrgética frente a TEPCO y otras empresas de la nucleocracia y carbonocracia, y para salir de la economía nuclear con sus riesgos. Esto tiene alcance global porque en el mundo del año 2011 se cuentan 436 plantas nucleares, muchos en fase de planificación, y por ejemplo la AIE (Agencia Internacional de Energía) planifica con su energía hasta el año 2035. Si se terminan los energéticos fósiles - así la AIE en su World Energy Outlook de noviembre de 2011 - y la quema de recursos fósiles tendrá que terminar inmediatamente para evitar que la temperatura global suba más de dos grados centígrados, pues todo por encima significa la catástrofe climática, entonces la energía nuclear se ofrece como suerte de solución intermedia, a pesar de Fukushima. Por lo tanto el sistema fósil-nuclear sigue, a pesar de todas las catástrofes.

La „era nuclear“ comenzó en 1938 con la comprobación de la, ya antes supuesta, fisionabilidad de los núcleos de los átomos y con la destrucción de las ciudades japonesas Hiroshima y Nagasaki en 1945, por dos bombas atómicas de los EEUU. En las décadas siguientes hubo una primavera de los „átomos por la paz“, incluso en Japón. El fin defintivo de la emergencia energética de la humanidad pareció posible. Al mismo tiempo se erigió la amenaza nuclear de la destrucción mutua de los bloques de poder de la Guerra Fría. „Exterminismo“, la autoeliminación de la humanidad, así lo llamó el historiador británico E. P. Thompson este concepto de la locura nuclear.

La catástrofe en el remoto Japón, inspiró en marzo de 2011, al menos en Alemania, al gobierno nucleocrático para desconectar de la red energética primero algunas plantas nucleares durante un período - luego de que recién en septiembre de 2010 se había prolongado la duración de las plantas por unos ocho hasta catorce años, contra toda razón – y después para volver a decidir la salida hasta el año 2022, con la venia de una comisión ética.

Esto es un ir y venir, pero es un progreso comparado con las reacciones al síndrome de Fukushima, en otros países. Así Corea del Sur quiere seguir con la exportación de plantas nucleares a todo el mundo, siempre y cuando se le pague. China sigue con la energía nuclear, Rusia también, y también los EEUU planifican con la energía nuclear, así que, en las siguientes décadas, habrán más de las 436 plantas nucleares actuales en el mundo.

Estamos frente a una lucha social de un alcance global e histórico. Porque no solo el fin de la economía nuclear está en el orden del día. También tenemos que dejar atrás el sistema energético fósil si el planeta Tierra debe tener un futuro humanista, si el „buen vivir“ debe obtener una oportunidad. También los energéticos fósiles como petróleo y gas y hasta el carbón están por terminar. En verano de 2010 vivimos la tragedia de la plataforma petrolera explotada „Deepwater Horizon“ en el Golfo de México. Así el uso del petróleo así llamado „no-convencional“ de las profundidades del mar no es solución alguna para el actual problema de la escasez energética aunque en todo el mundo se hace lo posible para sacar las últimas reservas de recursos energéticos fósiles.. También el petróleo es peligroso, pero en otra medida que la energía nuclear. Es que hay guerras por el petróleo in Irak, en Libia, pero también Sudán o en Nigeria. Los poderes de la energía fósil y nuclear son conservadores. Ellos mantienen las estructuras antiguas. Es su capital, y éste debe traerles alto provecho durante un tiempo prolongado - los costos se socializan. Pero la Agencia Internacioanl de Energía, en su „World Energy Outlook“ más actual dijo claramente que el uso de energías fósiles no debe aumentar, por sus consecuencias para el clima global. A partir de 2017 no se debe conectar ninguna planta de energía fósil a la red si queremos limitar las consecuencias de los recursos fósiles para el clima.

En el instante la nucleocracia pide la palabra y ofrece la energía nuclear como alternativa. Esto muestra una vez más cuánto – y cuán patológicamente – los sistemas energéticos nuclear y fósil están conectados. La salida de la energía nuclear es a medias si no hay intentos de salir del sistema de energía fósil, y viceversa. Si la dependencia de energéticos fósiles y por lo tanto su demanda aumentan, pero la oferta después de „Peakoil“, „Peakgas“ y „Peakcoal“ sólo puede ser aumentada de manera no-convencional, entonces nos amenazan fuertes daños ambientales y conflictos duros, también bélicos. Por lo tanto no sólo se trata de la salida de la energía nuclear. Se trata de la provisión con energía en general y de la paz en el mundo.

También si se termina inmediatamente la entonces octogenaria era nuclear, tenemos en la agenda la evacuación de los deshechos atómicos durante algunas décadas y luego el depósito final durante siglos y milenarios, y la nucleocracia no preparó soluciones factibles ni aceptables. Sabremos en este lejano futuro qué nos costó la energía eléctrica nuclear, vendida como barata, y cuánto las generaciones siguientes tendrán que pagar por la energía nuclear que nosotros gastamos.

El camino a andar ya se decidió en el pasado, hoy solamente podemos hacer poco. Pero sí podemos recuperar algo. Desarrollamos un sistema nuevo, un sistema solar, o sea un sistema que usa la energía de la radiación solar, cambiamos nuestra movilidad, nuestras costrumbres de consumo, el modo cómo vivimos y trabajamos, agrandamos nuestra perspectiva global hacia una perspectiva plantárica-solar – porque cogemos nuestro uso de energía ya no de los medios del planeta Tierra sino de la radiación solar, un „reactor súper-regenerador“, pero a una „distancia de seguridad“ de unos 150 millones de kilómetros, como lo dijo Hermann Scheer.

Fukushima es un memento de las deficiencias de la era nuclear. Repudiamos la gerencia de la empresa TEPCO porque se inclinó ante los hechos económicos por razones de provecho y porque así es responsable de decisiones erróneas y engañosas. Pero también sabemos que los gerentes de la EON o de la EDF tampoco son mejores. El sistema nucleocrático es el engaño y hay que terminar con el rápidamente. La transición a un sistema de energía renovable es conocida y la dominamos ya hoy en día. Tenemos que imponerla, en contra de los gerentes del sistema fosocrático que aún después del desastre de la Deepwater Horizon y a pesar de las advertencias de la catástrofe climática mantienen el sistema energético fósil, y en contra de la nucleocracia que a pesar de Chernóbil y Fukushima se aferra a esta tecnología monstruosa mientras se pueda hacer ganancias.

Vista preliminar      ir arriba111122
Facebook Twitter YouTube Flickr
Donar on-line!