Explotador y colonialista

Buenos días a todos y todas:
 
A Anshu Jain y Jürgen Fitschen, portavoces de la presidencia del Deutsche Bank, en cuya representación recibirán el „Premio Black Planet“, por un lado les mueve la presión de obtener beneficios y la competitividad. Por otro, se aprovechan de su margen de maniobra dentro de ese entramado sólo en su propio beneficio.
Me corresponde hacer el discurso de reprobación. Permítanme que lo llame mejor crítica, crítica radical, que va a la raíz y que, como dice Marx, se dirige a la persona. Segunda observación: Existe en Alemania una tradición racista de describir lo bueno como „blanco“ y lo malo como „negro““; hay por ejemplo „libros blancos“ y „libros negros“, etc. A mis amigas y amigos negros y a mí misma no nos gusta nada esta identificación. Supongo, en cualquier caso, que la envenenada y agostada tierra tiene un aspecto más bien marrón. Propongo por tanto un „Premio Brown Planet“.
 

I. El Deutsche Bank y la crisis económica mundial

Desde mi escritorio, en Fráncfort del Meno, veo a la izquierda la doble torre del Banco central Europeo (BCE) y a la derecha las dos torres del Deutsche Bank. Al Deutsche Bank le gusta ser visto en Fráncfort como un patrocinador de la cultura. En esta ciudad nunca se les ocurriría desahuciar a un montón de familias a la vez, utilizando para ello la violencia policial, sólo porque la gente no puede pagar los intereses de un préstamo. ¡Eso no sería bueno para su imagen!
Eso es precisamente lo que el Deutsche Bank ha hecho en EE.UU. En Cleveland, por ejemplo, personas en su mayoría pobres, muchos de ellos afro e hispanoamericanos, vivían en alrededor de 7.000 casas situadas en terrenos de la ciudad. Mediante opacas maniobras legales, el Deutsche Bank se hizo con la propiedad de esos inmuebles y mandó desalojar a la gente, a menudo utilizando la violencia policial. Con la crisis hipotecaria de 2007, en Cleveland pronto quedaron vacías una de cada diez casas, y calles que estaban en lo que antes se consideraba una buena zona se convirtieron en barrios bajos. Cuando hoy miro por la ventana, me pregunto dónde vivirán las entre veinte y cien mil personas que el Deutsche Bank ha expulsado de sus casas sólo en Cleveland.
 
En EE.UU. se vieron afectadas millones de personas, pues en 2007 el Deutsche Bank poseía productos financieros hipotecarios por valor de más de 25.000 millones de dólares, y „tenía a su cargo alrededor de un millón de viviendas“. (Der Spiegel 5/2012, 30.1.2012)
El informe del senado estadounidense, de 650 páginas, Wallstreet and the Financial Crisis: Anatomy of a Financial Collapse, reveló en abril de 2011 que el Deutsche Bank era corresponsable y había jugado un papel central en la crisis inmobiliaria y financiera estadounidense, que como es sabido desencadenó la actual crisis económica mundial (la causa es no obstante la crisis de sobreproducción del capitalismo).
El informe acreditaba también que, en 2006 y 2007, comerciales del Deutsche Bank vendieron a gran escala Collateralized Debt Obligations (CDO), que se sustentaban en paquetes de crédito compuestos por inestables hipotecas subprime y cuyo riesgo, defectuosidad y en buena medida falta de valor el Deutsche Bank conocía perfectamente.
La tercera parte de un único CDO llamado Gemstone VII (Gema VII) –con un valor de 1.100 millones de dólares– estaba formada por tóxicos créditos basura. En febrero de 2007, el codirector del departamento de CDO escribió en un email: „Cruza los dedos, pero creo que podemos venderlos antes de que el mercado se derrumbe“. Después se descubrió que al mismo tiempo el banco había especulado apostando por la caída de precios, el impago de los créditos y la pérdida total.
En Los Ángeles el Deutsche Bank se apoderó de miles de casas mediante ejecuciones forzosas. Dejó que casas habitadas se fueran descomponiendo a fin de expulsar a los inquilinos. En mayo de 2011, la ciudad de Los Ángeles presentó una demanda contra el Deutsche Bank. Un concejal dijo: „El Deutsche Bank es uno de los mayores ‚slumlords‘ (‚usurero de los barrios bajos‘) de la ciudad“.
En la actualidad el Deutsche Bank se enfrenta a un torrente de reclamaciones de indemnizaciones procedentes de EE.UU. Recientemente el banco ha tenido que depositar 4.100 millones de euros ante posibles obligaciones derivadas de los litigios.
 
¿Cuáles son las acusaciones?

  En 2012 el banco ha tenido pagar alrededor de 1.600 millones de euros en multas y sanciones. Pero en esta cantidad se incluyen sólo las sanciones superiores a los cien millones de euros. Y tampoco Jain y Fitschen saben si la fianza que asciende a 4.100 millones de euros será suficiente. Sólo las demandas procedentes de los EE.UU. ascienden a más de 6.300 millones de dólares. Para ello el banco ha reservado ya más de quinientos millones de dólares. En los EE.UU. el banco ha sido demandado por el Gobierno, diversas ciudades, autoridades del Estado, fondos de pensiones de docentes, sindicatos, cooperativas... En primera línea se sitúan dos hombres como corresponsables de ello: Jürgen Fitschen y Anshu Jain, quien lidera la banca de inversión desde 1995. Como es sabido, él y Jürgen Fitschen son presidentes ejecutivos del Deutsche Bank desde junio de 2012.

II. El Deutsche Bank y el nacionalsocialismo

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La Office of Military Government for Germany/U.S. (OMGUS) fue la más alta institución administrativa de la zona ocupada por los estadounidenses y del sector estadounidense de Berlín durante los cuatro primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Uno de sus principales cometidos consistía en recoger información detallada sobre el papel del capital alemán en el nacionalsocialismo y sobre la conexión entre las corporaciones y el régimen nazi. Los informes de la OMGUS fueron utilizados en los Juicios de Núremberg como material probatorio.
En el informe final, la OMGUS recomendaba la disolución de los tres grandes bancos alemanes: Deutsche Bank, Dresdner Bank y Commerzbank, así como de la criminal corporación I.G. Farben. Pero la República Federal de Alemania fue utilizada en la Guerra Fría como baluarte del capitalismo. La OMGUS fue disuelta a finales de 1949 y las actas y documentos permanecieron dispersos durante muchos años. Hasta 1985 no se publicó la documentación completa. Hasta entonces el Deutsche Bank se las arreglaba diciendo que a los nazis „no se les había hecho ninguna concesión“.
Pero de la investigación de la OMGUS se desprendía una inusual concentración de poder económico en manos del Deutsche Bank –incluso dentro de los parámetros capitalistas– y su participación directa en la política criminal del régimen nazi.
 
La vinculación entre el capital y el Estado era en el fascismo aún más estrecha que en otras formas de gobierno. Miembros de la presidencia del banco apoyaron a los nazis ya antes de 1933. Funcionarios del Deutsche Bank se entremezclaban con cargos del régimen nazi, el NSDAP y las SA. El Consejo de Administración del banco estaba atestado de miembros del Partido e inversores de los nazis, así como de poderosos representantes de las cámaras legislativas. Un tercio de los miembros del Consejo de Administración del Deutsche Bank tenían el título de „Wehrwirtschaftsführer“ (líder de la industria de defensa).
El Deutsche Bank proporcionó al Reich una ingente cantidad de fondos para los preparativos de la guerra. El Deutsche Bank reconvirtió para la guerra los sectores de la industria bajo su control.
 
El fascismo y la guerra eran un negocio excepcional: el movimiento obrero organizado había sido destruido, los judíos europeos fueron aniquilados y desposeídos, comunistas, socialistas, gitanos y homosexuales fueron perseguidos y asesinados, los países del este y el oeste de Europa saqueados, y millones de personas fueron obligadas a trabajar como esclavos al servicio de Alemania.
Durante la guerra el Deutsche Bank se convirtió en el mayor banco del continente. En 1942 poseía el 21% de todos los depósitos y el 18,5% del conjunto de los activos de los 653 bancos comerciales del Gran Reich Alemán. Disponía de una amplia red de sucursales y filiales en Alemania y en los países ocupados.
 
OMGUS constató que en EE.UU. no existía ningún único banco que gozara de tanto poder como para influenciar y dirigir la economía en tal medida. El Deutsche Bank controlaba grandes corporaciones mediante su voto, al disponer de enormes paquetes de acciones. Controlaba, por ejemplo, el 38% de las acciones de IG Farben, esa agrupación de las empresas químicas Bayer, BASF y Hoechst, que administraba su propio campo de concentración en Auswitz, llamado „Auswitz III“ o „Monowitz“.
Bajo dominio del Deutsche Bank estaban importante industrias de armamento, entre ellas Daimler Benz y BMW, que fabricaban dos tercios de los motores de avión destinados a la Luftwaffe. A esto hay que añadir un extenso sistema de participación cruzada en los Consejos de Administración. Los principales representantes del banco eran miembros de los Consejos de Administración de 379 empresas y corporaciones. Hermann Josefs Abs pertenecía al Consejo de Administración de IG Farben.
Evidentemente, el banco asumió también el control de los bancos de los países europeos ocupados por la Wehrmacht, las SS y los grupos de operaciones, y tuvo un papel destacado en la explotación de personas y el saqueo de materias primas.
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Al contrario: los que tenemos cierta edad hemos crecido bajo viejos nazis y bajo su continua y decisiva influencia en muchos ámbitos de la sociedad. Los actuales jefes del Deutsche Bank, Jürgen Fitschen y Anshu Jain, no hacen nada para que los crímenes de su banco durante el nacionalsocialismo sean expiados de alguna manera.
El Deutsche Bank sirvió de „punta de lanza institucional para la penetración económica en los países europeos anexionados, ocupados y totalmente sometidos“ (OMGUS). La „penetración económica“ en el mundo en su propio beneficio es también hoy su objetivo comercial.

III. El Deutsche Bank después de 1945

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En sus expediciones de saqueo por el mundo, el capital alemán lleva consigo todo un arsenal de armas económicas: negocios de futuros sobre mercancías, la especulación con alimentos y el desperdicio de semillas y cereales para producir pienso y combustibles, lo que siempre provoca nuevas hambrunas. Millones de hectáreas de bosques, selvas, campos y tierras de labor productivas se transforman en plantaciones de maíz, trigo, caña de azúcar, colza, soja y palma de aceite cuyos productos no acaban en el plato como alimentos, sino como combustible en los depósitos de los automóviles. En 2003 se invirtieron trece mil millones de dólares en fondos que especulan con productos agrarios, en 2008 eran ya 260 mil millones.
Grandes empresas alemanas especulan con el hambre y la muerte. Especulan con alimentos y hacen que sus precios se disparen. Así, la Allianz 2011 invirtió más de 6.200 millones de euros en ese tipo de fondos, y el Deutsche Bank 4.600 millones. Sólo a estas dos instituciones financieras alemanas corresponde el 14% del mercado mundial de especulación con alimentos, estimado en 70.000 millones de euros.
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El Deutsche Bank explota a las personas, saquea la naturaleza, fabrica armas y promueve de la guerra. Cofinancia a patrocinadores de guerras como la compañía minera Anglo Gold Ashanti, en el Congo. Cofinancia a empresas que proveen al ejército estadounidense de munición de uranio. Su filial DWS ha invertido en empresas de armamento como la estadounidense Textron, que vende munición de fragmentación. Estas armas están prohibidas en cien países. La munición de fragmentación se ha utilizado en las guerras de Vietnam, Afganistán, del Golfo y en Kosovo. El DB mantiene relaciones comerciales con los dieciséis mayores productores y financiadores de armas nucleares, con una cifra que ronda los 4.600 millones de euros.
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Anshu Jain y Jürgen Fitschen son responsables del Deutsche Bank, y por eso también culpables de la colonialización del mundo. Ninguno de los dos debe ya viajar a Turquía y Palestina como en 1898 hizo junto al káiser Guillermo II Georg Siemens, presidente del Deutsche Bank y representante de numerosas grandes empresas del Reich alemán, para penetrar económicamente Oriente Próximo.
El Deutsche Bank se apodera de los recursos estratégicos del planeta mediante filiales y fondos. Destruye el planeta y los medios de subsistencia de las personas. Acaparamiento de tierras en Asia, Latinoamérica y, sobre todo, en África, ¡este es el nuevo colonialismo! Todavía sin la ayuda del ejército, pero no sin „fuerzas de protección“ roba terrenos, envenena la tierra, empuja a la gente al hambre, la enfermedad y la muerte. Esto es lo que subyace a sus beneficios. Quien así actúa no tiene ningún interés en promover relaciones democráticas, sino dictaduras y ejércitos corruptos.
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Gracias por su atención.

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